En Francia, a partir de 2011, la mayoría de los productos alimenticios exhibirán una etiqueta con su huella de carbono. Los proveedores deberán informar a los clientes sobre el volumen de dióxido de carbono (CO2) emitido en su producción. Ya hay supermercados en Europa que lo dicen, pero la medida se generalizará como lo exige, en Francia, la ley Grenelle.
Un ejemplo: un paquete de papas fritas genera una huella de 75 gramos de CO2. El resultado se descompone así: 40% en el cultivo y cosecha de las papas, la manufactura aporta 30% de las emisiones, el envoltorio suma 15%, la distribución y mercadeo 9% y, continúa leyendo…




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