11

Mar

Post Reduce tu Huella

Mi huella de carbono, reportaje ecológico

1

> Piensa en un pedazo de carne. ¿Qué ves? Hasta hace poco la respuesta podría haber sido: hierro, proteínas, fósforo y vitamina B12. En el peor de los casos, colesterol. Vuelve a pensar en un pedazo de carne y mastica este dato: producir ese trozo lanza la misma cantidad de gases de efecto invernadero que un auto que va desde la Plaza de Armas al Estadio Nacional. Mientras más carne comes, más contribuyes al calentamiento de la Tierra, que provoca cambios en el clima, desastres naturales y disminución de los glaciares.

El planeta hierve y la solución está en las grandes industrias, en las potencias mundiales, pero también en tu mesa, en tu auto, en tu decisión de caminar, tomar metro o andar en bicicleta todos los días. En ese soslayable acto de regular la presión de los neumáticos de tu auto, en algo tan básico como desenchufar el equipo de música si está apagado y, por ejemplo, en calcular tus propias emisiones a través de herramientas simples. El resultado de esto es la huella de carbono.

¿Pero qué es exactamente? Es el registro de gases de efecto invernadero (GEI) que cualquier ser humano u organismo lanza directa o indirectamente al planeta. Los gases más peligrosos y más comunes son el dióxido de carbono (CO2) y el metano. Este último es el segundo gas invernadero más significativo y las vacas son uno de los mayores emisores, por eso la alta contaminación asociada a la carne: por culpa de los gases y flatulencias que producen estos animales al digerir el pasto en sus múltiples estómagos. El CO2 proviene del uso intensivo de los combustibles fósiles para mover las industrias y el transporte. Esto es el petróleo, el carbón y el gas natural. La huella de carbono se expresa, principalmente, en CO2.

La media mundial de huella de carbono es de 5 toneladas de CO2 por persona al año. Estados Unidos es el país con la mayor huella en el mundo pues asciende a 22 toneladas anuales de carbono por habitante. En Chile estamos en el promedio: cada chileno genera 5 toneladas. Los expertos dicen que lo óptimo es llegar a 2 per cápita para asegurar que el aumento de la temperatura media del planeta no supere los 2 grados Celsius y, con ello, evitar las consecuencias más graves del cambio climático.

La reducción de la huella.

Para el cálculo de la huella de carbono se suman todos los gases que de una u otra manera son liberados hacia la atmósfera para mantener nuestros estilos y sistemas de vida, desde el uso de auto, buses, viajes de avión, electricidad, gas, contenedores de basura. Algunas calculadoras preguntan cuánta cantidad de carne come la persona, si compra comida enlatada, si guarda alimentos calientes en el refrigerador –esto libera más CO2– o si imprime documentos sin necesidad de hacerlo, por ejemplo. Todo esto da un número que se expresa en toneladas por año. Hay diversas calculadoras en internet y cualquier persona las puede utilizar.

En Chile, el sistema de cálculo más novedoso fue lanzado por la Fundación Chile hace unas semanas: diseñaron la aplicación ZeroCarbon, disponible en iTunes, que se puede descargar gratis al iPhone. Mediante un cuestionario de 10 preguntas (en qué país vives, cuántas personas habitan en tu casa, cuál es tu consumo mensual en electricidad, gas, agua, etc) el sistema calcula cuántos kilogramos de CO2 emites anualmente a la atmósfera.
Marcelo Mena (34) es director de Postgrado de la Facultad de Ecología y Recursos Naturales de la Universidad Andrés Bello. doctorado en la Universidad de Iowa y postdoctorado en el MIT, trabaja todos los días por un objetivo: que su cálculo de huella de carbono sea cero. El año pasado lo logró vendiendo, por iniciativa personal, duchas de bajo consumo energético y comprando ochenta mil pesos en bonos de carbono en compensación por los viajes que hizo en avión al extranjero. Así borró su huella.

Mena recicla, composta junto a su familia en su casa y anda en una Xtracycle, una bici con extensiones y grandes alforjas para transportar hasta 100 kg de carga, que adquirió por internet. Además, la puede conectar a su juguera para hacer jugos naturales caseros. El año pasado le compró un nuevo refrigerador a su suegra, de bajo consumo energético, y adquirió 200 árboles para plantar en la casa de su suegro en Teno. En junio de 2008 compró un auto híbrido. Para cualquiera podría ser una costosa forma de vida, para él es una inversión: “Un auto normal cuesta 10 millones y uno híbrido, 14, pero tienes regalía de un millón y medio por la patente. Eso hace que la diferencia se pague en tres años. Además, se puede ahorrar un 33% en bencina”.

Para Mena, el cortoplacismo le ha hecho mal al tema ambiental. “Hay que proyectar una inversión a largo plazo. En 20 años se paga un sistema solar fotovoltaico para el techo. En cinco se puede pagar calefacción de agua por sistema solar”.

El que contamina paga

Reducir la huella de carbono en casa es simple: ahorrar en energía y utilizar medios de transportes no contaminantes podría ser el primer paso, pero también se puede invertir compensando las emisiones.

Los bonos de carbono son la unidad de transacción de un sistema internacional diseñado para reducir las emisiones contaminantes. Esta iniciativa es parte del Protocolo de Kyoto, un tratado de 1997 que, para frenar el cambio climático, impuso metas de reducción de CO2 a los países industrializados. Así, se podrían evitar emitir unos 5.000 millones de toneladas de CO2 anuales para 2012. Chile firmó este protocolo en 1998 y lo ratificó en 2002.

Cuando una empresa u organización reduce sus emisiones, puede certificar los gases que no emitió y transformarlos en bonos de carbono o en Certificados de Emisiones Reducidas (CER), que pueden ser vendidos en el mercado de carbonos y pagados por empresas que contaminan más de lo debido y deben compensar su exceso a través de la compra de estos bonos. Este mercado ha crecido rápidamente. Un bono de carbono (equivalente a una tonelada de CO2 que se deja de emitir a la atmósfera) costaba 3,45 dólares en 1998 y ahora se transa entre 10 y 16 dólares en los mercados. En Chile, las grandes empresas lo pueden hacer a través del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL). La Conama tiene estatus de Autoridad Designada para demostrar ante Naciones Unidas que el proyecto de reducción de emisiones contribuye al desarrollo sustentable. Entre las empresas que han vendido bonos de carbono de esta forma se encuentran Arauco, Metrogas, Enaex, Agrosuper.

Una de las más grandes críticas de los ambientalistas es que ésta es una forma de que las potencias contaminantes no se hagan cargo de su basura. Aldo Cerda, experto sectorial y gerente del Área Bosques, Industrias, Construcción y Servicios Sustentables de Fundación Chile, no entiende las críticas: “Aquí el problema es global y no local, ya que los permisos por contaminación tienen como lógica subyacente de que el aumento de precio (por ejemplo, pagar por ocupar las calles) reducirá la tendencia a emitir. Pero en el caso de los bonos de carbono es al revés, ya que se paga para viabilizar proyectos de reducciones efectivas de emisiones de gases efecto invernadero, ayudando a reducir efectivamente el problema”.
Aunque los grandes compradores y vendedores de bonos de carbono en la bolsa son los gobiernos y las grandes industrias, hay fórmulas para que un simple mortal compense sus emisiones. En muchos de los sitios que ofrecen calculadoras de huella de carbono también existe la posibilidad de compensar. Por ejemplo, en www.ceroCO2.com, después de calcular su huella puede optar por entregar dinero a un proyecto de energía eólica en la India, una minicentral hidroeléctrica en Nicaragua o la reforestación de comunidades en extrema pobreza en la Sierra Gorda mexicana. La aplicación iPhone de la Fundación Chile también tiene una opción: se puede seleccionar el número de toneladas de CO2 que se quiere compensar, elegir algún proyecto de reducción de emisiones en China o en la India y comprar bonos de carbono desde el celular. Y, además, comunicar instantáneamente los progresos que se vayan haciendo en la reducción de la huella en facebook y twitter.

Una de las iniciativas más potentes en este sentido es la SCX, o Bolsa de Clima de Santiago, lanzada en octubre pasado y que comienza a operar el segundo semestre. Es la primera bolsa climática del Hemisferio Sur y nació de una asociación entre Celfin Capital y Fundación Chile. “SCX va a permitir que los proyectos de reducción de emisiones que se hagan en Chile –y más adelante también en Latinoamérica– se puedan transar. Es para que empre- sas y también personas naturales interesadas en invertir en proyectos que estén disminuyendo el efecto invernadero en el país puedan comprar bonos en esta Bolsa”, dice Carlos Berner, gerente de SCX.

Las empresas deberán validar sus proyectos de reducción de emisiones frente a un directorio técnico y, una vez generadas las reducciones comprometidas, la Bolsa de Clima SCX entregará certificados que luego serán transados como bonos de carbono.

“Creemos que la bolsa será un ícono de sustentabilidad, tanto a nivel corporativo como de cambios de hábitos de las personas. En una década, esperamos que más de 20 millones de toneladas de reducción de CO2 se transen anualmente”, agrega Berner.·

Revista Paula

Bookmark and Share


1 Comentario

  1. Yo como Ingeniero Ambiental de una consultora creo que lo que se debe hacer en Chile es, realizar políticas, programas subsidios que den apoyo a implementar mediciones de huella de carbono mediante entidades serias abaladas por gobiernos y universidades de prestigio mundial para que el sistema y método serio nos se desprestigie por empresas poco serias en el tema y que a la larga no tendrá peso su estudio así mismo compromiso de reducir sus emisiones de GEI y Chile tiene mucho que decir en el tema ya que todas las exportaciones de productos para ingresar a los grandes mercado tendrán que medir el impacto que genera producir su producto y comprometerse a disminuir su huella de este modo dejaremos de ser un país del montón y seremos un país observado por todo el mundo como un pis vanguardista y con una economía baja en carbono donde hay que invertir, tal como los países desarrollados que ya están en esta senda UK, España, Francia, Canadá, Australia entre otros.
    por una economía baja en carbono, trabajemos en serio.

    http://www.carbontrust.co.uk/ Carbo Ambiente Consultores


Deja un comentario