El sector del transporte se “ahoga” entre emisiones contaminantes y suspende en la lucha climática
> Volkswagen y Toyota responden a la presión institucional abogando por la movilidad eléctrica y los proveedores “limpios”
Hablar de cambio climático es hablar también de patatas calientes que vuelan a gran velocidad de unas manos a otras, de desidia institucional y de indiferencia; es hablar de obstinación y de fracasos internacionales como el acontecido tras las reuniones de la Cumbre de Copenhague.
Y, sin embargo, el enemigo se hace cada vez más fuerte y supone una amenaza constante para la salud y la supervivencia del planeta y la población. Tras su sonada publicación en 2006, el Informe Stern ha conseguido dotar al fenómeno climático de personalidad económica, más allá de su impacto meramente ambiental y sobre la salud.
Entre las conclusiones del documento han levantado no poca polvareda los datos que aseguran que se necesita una inversión equivalente al 1% del PIB mundial para mitigar los efectos del cambio climático y que de no hacerse dicha inversión el mundo se expondría a una recesión que podría alcanzar el 20% del PIB global. El informe también sugiere la imposición de ecotasas para minimizar los desequilibrios socioeconómicos y afirma que “nuestras acciones en las décadas inmediatamente venideras pueden implicar el riesgo de una disrupción de la actividad económica y social durante el resto de este siglo y el siguiente, de una escala parecida a la de las grandes guerras y la Gran Depresión”.
Está, por tanto, sobradamente justificada la necesidad de que los diversos sectores económicos tomen las riendas de un corcel que lleva ya demasiado tiempo desbocado, ya no solamente por razones de simple protección medioambiental sino atendiendo también a los impactos económicos. Y la realidad es que a pesar del patente descenso de los últimos meses en las emisiones contaminantes de la industria y los transportes a nivel mundial- algo que tiene mucho que ver con los estragos de la crisis económica-las emisiones siguen siendo demasiadas, tal y como refleja un reciente informe de Carbon Disclosure Project que revela que la mayoría de las empresas de transporte no se adaptan a los riesgos y oportunidades que plantea el cambio climático.
NECESIDAD DE TRANSPARENCIA
El organismo insta así al sector del transporte a intensificar sus esfuerzos a la hora de frenar las emisiones de carbono, tras los devastadores resultados del estudio que encontró que menos del 40% de las grandes compañías ha puesto en marcha planes de reducción de carbono. Un fracaso cuanto menos sorprendente si tenemos en cuenta que el sector del transporte genera el 13% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y el 60% del consumo de petróleo en los países desarrollados.
En este orden de cosas, la desidia demostrada por el sector a la hora de acometer acciones ambientales contrasta fuertemente con las potentes campañas de publicidad que suelen poner el acento en el teórico bajo potencial contaminante de los automóviles. Como claro ejemplo de publicidad “engañosa” muy habitual merece destacarse el tratamiento publicitario del sistema híbrido como “mecanismo limpio”, pese a que en la realidad este sistema sigue siendo contaminante aunque lo sea menos que los sistemas convencionales.
Ante la situación, la apuesta institucional se dirige una vez más al terreno de la transparencia. Haciendo suya la premisa de “a mayor transparencia, mayor control”, la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) y la Comisión Europea, han presentado hace unos meses una herramienta interactiva que permite dejar a la vista pública los datos sobre emisiones contaminantes, así como el volumen y la clase de desechos de los complejos industriales europeo, ya sea contaminantes del suelo, el aire o el agua. Una decisión que, junto con publicaciones como el reciente estudio de Carbon Disclosure Project, ponen en evidencia la necesidad de que las compañías superen su abulia para redirigir sus modelos de negocio a la protección medioambiental.
PROVEEDORES LIMPIOS
De entre los gigantes empresariales que han reaccionado a las advertencias institucionales destacan los casos de Toyota y Volkswagen, que han presentado recientemente acciones encaminadas a reducir la contaminación, que complementan y remozan los programas de acción ambiental recogidos en la documentación corporativa de ambas empresas. En el caso de la empresa alemana, se ha llevado a cabo en China la firma de un acuerdo por el que la compañía aportará datos, experiencia y sus conocimientos en el desarrollo de movilidad eléctrica. A través de este proyecto se desarrollarán estrategias sobre cómo la movilidad eléctrica puede reducir la presión sobre el medio ambiente derivada de la polución y el ruido, especialmente en las grandes ciudades. La iniciativa se centrará en el análisis del impacto medioambiental de diferentes medios de transporte, así como en asegurar soluciones desarrolladas en varios campos.
Por su parte, y tras un estudio piloto de un año en Gran Bretaña Toyota ha desplegado su Plan Ambiental a su amplia red de distribuidores, asumiendo el objetivo de reducir significativamente las emisiones de CO2 en la cadena de suministro de la compañía. El plan está estructurado de modo que los beneficios reviertan a Toyota, sus distribuidores, y la comunidad en general, obedeciendo al significado esencial de la inversión responsable.
La apuesta de Toyota supone un paso adelante en la ardua tarea de luchar contra la reducción de emisiones en la cadena de suministro. Y es que en la mayoría de sectores económicos todavía persisten graves problemas tales como el enorme potencial contaminante de actividades integradas en la cadena de suministro, tales como el transporte de carga. Las armas surgidas para luchar contra este problema son todavía escasas pero destacan los bonos de carbono que funcionan de forma que una empresa que no pueda eliminar o reducir la contaminación durante su proceso productivo o de manejo de mercancía, colabore a través de estos bonos con iniciativas de otras compañías que sí puedan aportar programas en pro del medioambiente.
Como herramienta óptima para mejorar la sostenibilidad de la cadena de suministro de todos los sectores económicos en general destacan también los reportes cada vez más interactivos y completos. Así, la Global Reporting Initiative (GRI) sostiene que “presentar informes” puede ser una parte de la respuesta a la gestión sostenible de las cadenas de suministro, y de la promoción de la responsabilidad empresarial en los proveedores.
www.icnr.es

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